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Cómo descubrí la libertad en la disciplina

Cómo dije el domingo pasado, hace tiempo pensaba que la libertad era hacer lo que me apetecía, mientras que hoy afirmo todo lo contrario. Practico un concepto en el que la palabra libertad va de la mano de las palabras respeto y responsabilidad. Y esto me pide una disciplina escrupulosa.

Y no solo en lo obvio de aprender a callarme por respeto a los procesos de otros o a controlar mis emociones para no violentar a los demás. Llevar este concepto de libertad a la práctica hoy en día me pide levantarme temprano y acostarme tarde, todo el día haciendo cosas sin apenas tiempo para descansar. A la hora de levantarme tengo el día planificado, el lunes ya sé lo que tengo que hacer de aquí al domingo (y ojalá que me dé para hacer lo mínimamente necesario), y a grueso modo tengo los próximos cinco meses planificados y los siguientes ya los estamos proyectando.

Sigo un plan de trabajo que me estructura la vida, sigo un par de líneas fuerza que por lógica propia me dictan qué hacer. Cada vez más encarno la cita del domingo pasado: “el camino que puede seguir se hace más estrecho: hasta que al final no elige nada, sino solo y completamente hace lo que debe hacer.”

Y viviendo así me siento libre, me siento más libre que nunca, de hecho afirmaría que cada día me libero un poco más. Pero si tengo todo tan estructurado, si tengo tan poco espacio para la espontaneidad y la apetencia, ¿dónde está la libertad?

Están en una única decisión que tome hace años y que desde entonces lucho por sostener libremente día tras día. No, no es tan sencillo, realmente es una serie de decisiones que he ido tomando a lo largo de los años, no muchos, a lo mejor una cada pocos años. Estoy hablando de decisiones fundantes, de este tipo de decisiones que impregnan la vida entera. A nivel externo serían decisiones como elegir una carrera, o si casarse y con quien. Según lo que decidas tu vida será una u otra.

Pero todas estas decisiones externas están determinadas por otras, las internas, este momento mágico en el que uno mira algo y se dice: “Esto es lo que quiero”. Y a partir de ahí se esfuerza por irse acercando a ello. Un ejemplo de estas decisiones internas es qué definición de libertad eliges, el concepto de “hacer lo que quiero” o “hacer lo que convenga para la libertad de todos”. Uno te lleva a defender la espontaneidad, otro te lleva a la autodisciplina por respeto a la libertad de los demás. Uno te lleva a luchar por tus derechos, el otro te lleva a un camino de renuncia porque tus privilegios coartan los derechos de otros. Uno te lleva a un modo de vida que conviene a tus gustos, otro te lleva a un modo de vida que convenga a la máxima cantidad de personas posibles.

Yo me acuerdo que en la primera década de mi activismo oscilé entre ambas definiciones de libertad, a veces siguiendo a una, a veces a la otra. Estuve en ambientes que no teníamos claro que entendíamos por libertad y el precio de ello era un activismo que no avanzaba, un activismo que desmotivaba, que normalizaba faltas de respeto en nombre de la libertad, y hasta abría la puerta a los peores abusos dentro de nuestros círculos.

Luego, hace ya casi una década tuve este momento de claridad en el que me dije: “Esto es lo que quiero” Decidí posicionarme en la definición de libertad que casa con la responsabilidad. Y mi esfuerzo por practicar esta definición poco a poco me llevó a reestructurar toda mi vida y todo mi activismo. Mi mundo cambió. De repente me encontré con un activismo mucho más doloroso, pero también mucho más esperanzador, un activismo que me ha llevado a construir cosas que hace diez años afirmbaba que eran imposibles. Y por esto, justo por haberme sometido a tanta disciplina y sufrimiento hoy soy más libre que nunca. Porque he crecido tanto en estos años que hoy soy mucho más capaz. Hace diez años tenía miedo de hablar con personas de otros círculos, hoy soy capaz de hablar incluso con pastores evangélicos y encontrar puntos que tenemos en común. Hace diez años tenía miedo de lanzar un proyecto propio porque me parecía imposible, hoy sé que podemos porque ya lo hemos hecho. Hace diez años tenía mucho miedo al rechazo, tanto que me incapacitaba, hoy me sigue acompañando, pero mucho más débil, porque tengo razones por las que enfrentarme a los demás… Hoy en día soy más libre porque soy mucho más capaz que hace diez años, tengo muchas más posibilidades de actuar. Por esto estoy convencida de que mi vida disciplinada y planificada me hace crecer cada día en libertad.

¿Y tú querida lectora? ¿Y tú querido lector? ¿Qué eliges? ¿Eliges apostar de verdad o prefieres seguir escondiéndote en este gris cómodo y protegido en el que vale cualquier cosa y por eso nada funciona?

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2 comentarios

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