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Hablando con ellas

En “Ni hables con ellos” dejo en evidencia el rechazo que hay dentro de las izquierdas hacia los que son distintos a nosotros. De esto me dí cuenta hace unos 8 años y decidí cambiarlo por lo menos en mi práctica. Así que salí del guetto y me incorporé al activismo de barrio.

Un primer paso fue integrarme en él barrio, conocer y ser conocido. Hacerme de el. Y los primeros años fueron un fracaso rotundo. Mi humor satírico intelectual no encajó con el suyo mucho mas directo. Mis hábitos refinados de comida sana y natural se cruzaron con su amor a la comida rápida. Su desconocimiento de literatura fue tan atroz como el mío de futbol, películas y programas de televisivos. Mi desinterés por analizar todo lo que se puede comprar iguala al suyo por analizar todo lo que se puede pensar… Entre nosotros había abismos. En su mundo yo soy un bicho raro, una anomalía.

Al principio parecía como si tuviéramos nada de que hablar, como si hubiera ningún punto en común. Pero pasado unos años, después de poner muchas horas y mucho esfuerzo, aprendí. Aprendí a romperme, a aceptarles en su condición. Aprendí a verles, a escucharles, a sentir su dolor. Me gané su confianza. Y desde ahí tuvieron mucho que enseñarme.

Por ejemplo estaban estas señoras mayores, las que de niñas habían migrado desde el pueblo, las que con mas de 40 años empezaron a ir a la escuela, las que tenían una experiencia de solidaridad que supera con creces toda solidaridad que he visto en las izquierdas actuales. ¿Realmente me voy a molestar porque les gusta celebrar la navidad con villancicos y papa Noel? ¿A alejarme de ellas porque van a la iglesia? ¿A rechazarles porque nunca van a comprender términos como “privilegio varonil”? Ellas me enseñaron con cuanta alegría y dignidad se puede vivir en situaciones que a nosotras, a las mujeres modernas nos parecen inaceptables.

También estaban las señoras latinas, a menudo evangelistas, prejuiciosas, mal habladas y totalmente enfocadas en la apariencia y en el tener. Hacia fuera humildes y bien educadas, pero por dentro llenas de violencia y frustración. Sería tan fácil desecharlas por incultas, por malas personas, por maltratadoras. Pero obsérvalas, escúchalas realmente, ¡encontrarás tanto dolor! Mantener una familia con pocos ingresos, sostener 2, 3, 4 trabajos, siempre temiendo que no te paguen tu sueldo. Temer que te echen de casa. Compartir cuartos, compartir pisos, familias enteras. Tener hijos que ni siquiera conoces… y debajo de ello una idea de buenos modales que solo nutre conflictos, un sueño americano que jamás se puede cumplir. Si las ves, las conoces, te asombra su fuerza, su aguante a pesar de. Ellas saben más de lucha que cualquiera de nosotras, a su lado niñatas. ¿Realmente las voy a juzgar por ser materialistas? ¿O por ser homófobas? ¿Las voy a despreciar por la cultura en la que las educaron?

Y las madres solteras Españolas. Si, con trabajo y casa, económicamente algo mejor. Pero solas, tan solas. ¿Quién hace el desayuno, la comida, la cena? ¿Lleva los niños al colegio, extraescolares, quedadas? ¿Ayuda con los deberes? ¿Les acuesta? ¿Limpia la casa? ¿Lava la ropa? ¿Hace la compra? ¿Paga la factura? ¿…? ¿Y quién se sienta con ellas a escuchar sus tensiónes? ¿A quién tienen para descargar su estrés? ¿A donde llevan el dolor que les causa el amor roto, el abandono paterno? Toda su fuerza está puesta en sostener, en no derrumbarse. ¿Quién soy yo para juzgarlas si descargan su tensión, su soledad sobre su hijo? ¿O sobre sus vecinos de otra nacionalidad? ¿Quién soy yo para juzgarlas por ni poder pensar en una lucha laboral? Ellas no pueden arriesgarse como lo hacemos nosotras porque no tienen donde caer.

Hablo de mujeres, no de varones, solamente por una razón: Mi condición de mujer me permitió conocerlas mejor. Ellos no me dejaron entrar. Pero esto no significa que no estén en una condición parecida. De hecho sé que sufren igual.

Lo que también sé es que para entenderles así tuve que olvidar mi lenguaje teórico, tuve que dejar de ser políticamente correcta. Para hablar, para ver, para hermanarte con ellos primero les tienes que entender en su condición, dentro de su paradigma. No les vengas con todas tus fobias, sea hetero, xeno u otra. No le vengas con Marx o Lenin, y tampoco con Butler o Foucault. No les vengas con teorías abstractas y luchas que se acaban mañana. No les sirven.

Y si no les sirve a ellos, ¿que tiene de justo? ¿De liberador? ¿Qué vale una lucha si no es para y con ellos?

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7 comentarios

  1. Puro sentido común Kathy, Ponerse en los zapatos del [email protected] y practicar la empatía no nos vendría mal a [email protected] en general. Es así como desde la comprensión al prójimo se tienden puentes y se derriban muros. Felicidades por tu blog. Lo pongo en marcadores y me dejare caer por aquí mientras las obligaciones me lo permitan. Un abrazote.

    1. Hola Javitxu,

      gracias por tus palabras.

      Lo que tu llamas sentido común por desgracia no está tan común como sería necesario. De hecho este texto está inspirado en una discución que he tenido por facebook en la que me criticaron por el texto “Ni hables con ellos”. En esta discución me criticaron por llamar a empatizar con los demás desde un argumentario bastante clásico marxista. Por desgracia también en las izquierdas hay mucha mente cerrada.

      un saludo y mucho sentido común
      kathy

      https://paloenpalo.wordpress.com/2019/02/07/ni-hables-con-ellos/

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