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Soy de izquierdas, ¿o no?

Una de las cosas que oigo o leo regularmente por ahí –ante todo en ambientes anarquistas– es la afirmación: “No soy de izquierdas porque…”

Y admito que a menudo me identifico con el argumento expuesto. Dentro de las izquierdas hay tantos planteamientos infantiles, superficiales, burgueses… y desgraciadamente incluso algunos que están directamente opuestos a la libertad, con los que una no se puede identificar, con los que regularmente siento esto no me representa. Observando la cantidad de estupideces que se producen hoy en día en nombre del término ‘izquierda’ la tentación de renegar del termino es enorme.

Hay una cosa que me impide hacerlo: No tengo como reemplazarlo, no tengo otra palabra para definir lo que soy, que recoja la totalidad de los ambientes por los que me he movido a lo largo de mi vida. Unos ambientes que abarcan desde mis raíces familiares, más bien entre hippie y progre, pasan por movimientos sociales, por anarquistas y comunistas y llegan hasta ciertos sectores de la iglesia católica como serían por ejemplo la parroquia de San Carlos de Borromeo en Madrid o grupos como la HOAC. Con lo diferentes y separados que están estos círculos, hay que admitir que a la vez tienen muchas cosas en común.

Y esto a mí se me evidencia regularmente. Cuando observo las últimas locuras ‘emancipatorias’ de ciertos grupúsculos les siento lejos de mí, pero cuando salgo a la sociedad ‘normal’, pues, me siento todavía más lejos, pero mucho más lejos. El contraste con los demás evidencia lo peculiar que es mi forma de ser y pensar, una forma profundamente arraigada en los pensamientos de izquierdas. Se evidencia cuando me miran como una alienígena por no tener televisor, o por no tener interés en los símbolos de estatus, por tener ningún aprecio por ir ‘arreglada’, por mi disgusto a comprar cualquier cosa, o por… Es entonces cuando se me hace evidente que sí, que soy de izquierdas, o algo así. Porque con las personas de izquierdas tenemos desacuerdos en estos puntos, pero a mucha gente que no es de nuestros ambientes le suena directamente a chino.

Si contrastamos un okupa con un miembro del PC encontraremos muchas diferencias, pero ya no parecen tan grandes si ponemos a un banquero a su lado. Lo mismo pasa si juntamos un activista animalista, un veterano del movimiento vecinal y un arquitecto cualquiera. O si juntamos una feminista postmoderna, una afectada de la PAH y una madre del cole de tu barrio, aunque si me lo pienso bien, en este caso probablemente sería la feminista postmoderna quien parecería fuera de lugar. Este último ejemplo señala ya los límites de lo que tenemos en común, algo a lo que volveré pronto. Hoy me interesa este común, porque también lo tenemos. A pesar de lo grandes que son las diferencias entre nosotras, su dimensión cambia cuando salimos de nuestros guetos y las comparamos con los abismos que hay entre ‘nosotros’ y ‘los demás’.

Fue en contraste con este mundo cuando acepté que soy de izquierdas. Porque ahí fuera hay personas que no tienen ninguna reflexión crítica hacia las instituciones. Porque ahí fuera hay personas que no tienen ninguna conversación más allá de futbol, los reality de la TV y los 40 principales. Porque ahí fuera hay personas que realmente creen que una vida plena es llegar a tener trabajo, casa, coche y familia, que realmente creen que el mercado capitalista es algo bueno. Porque ahí fuera incluso hay personas que realmente creen que el lado franquista era el bueno en la guerra civil. No digo que tengan razón, solo que dentro de su pensamiento Franco representa valor y bondad, que realmente creen esto. Todas nuestras diferencias dentro de las izquierdas se ponen en perspectiva cuando lo comparamos con lo que hay allí fuera.

Y es desde esta mirada que he aceptado llamarme a mí misma “de izquierdas”. No tanto como un signo identitario positivo, sino como un término descriptivo que sirve como paréntesis, que incluye toda una realidad diversa de ambientes, de estilos de vivir y pensar… con ciertos puntos comunes.

¿Cuáles son estos comunes? Un cierto rechazo al capitalismo, del status quo y de sus símbolos, una cierta voluntad de moverse por el bien de la humanidad (o por de proclama), ideologías estructuradas alrededor de conceptos como libertad, justicia y paz… Pero ante todo comparten una raíz histórica: De una o de otra manera tienen como punto de referencia el movimiento obrero. Digo movimiento obrero, no comunista, porque el movimiento obrero tenía muchas más corrientes que el marxismo. Incluso hay que decir que –aunque hoy y desde siempre ciertos grupos de izquierdas gozan reprochando a la iglesia– había un gran sector del movimiento obrero cercano a la iglesia.

En este significado ser de izquierdas sería moverse dentro de una realidad cultural que comparte de manera vaga una raíz histórica, y encima de esto una cierta cercanía en las maneras de actuar, pensar y estar… Como referencia a lo diversos o divididos que son nuestros ambientes me refiero a ellos en plural: las izquierdas, porque estamos en un punto histórico en el que esta parte común está cada vez más aguada y contradictoria.

¿Cómo os parece esta definición? ¿Os suena? Y ante todo: ¿Nos puede ser útil para ubicarnos mejor en la realidad?

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4 comentarios

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