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Abandonar no es fracasar – El precio del (auto)engaño

“Hemos fracasado, pero no pasa nada. Haremos otra cosa.” Esto lo solía decir Sara, una compañera la que ya hace unos años durante por un tiempo formaba parte del mismo colectivo que yo. Es la época en la que aprendí a trabajar en el fracaso y cuánto se avanza de esta manera. Así que, cuando escuché la frase de Sara me parecía muy madura. Hasta me creí que estábamos en lo mismo. Después de unos años y varios desencuentros muy dolorosos entendí que no era así. En realidad siempre habíamos estado en caminos incompatibles.

Porque cuando quieres algo de verdad, estás dispuesta a darlo todo, a apostar por ello asumiendo todas las consecuencias que conlleva. Y cuando algo va mal, cuando fracasas, insistes, lo luchas. Querer transformar la realidad es trabajar en el fracaso, continuamente darse contra paredes, meter la pata, tropezarse con obstáculos inesperados… juntarse para revisar los fallos y volver a intentarlo.

Estos años que conocí a Sara para mi eran muy difíciles, más de una vez metí la pata hasta el fondo tanto que me moría de vergüenza, que estaba tentada a desaparecer. O me parecía tan difícil que una parte mía me decía que era mejor ni intentarlo. O estaba tan frustrada que quería tirar la toalla… Pero insistí, o mejor dicho, insistimos unos amigos y yo. Y poco a poco íbamos conociendo las paredes y el terreno, aprendimos a movernos, dónde pisar y dónde no, con quién hablar, cómo y cuándo, a superar vergüenza, orgullo, sombras. Con el tiempo, con algunos años, llegamos a formar un equipo pequeño con capaz de romper muros. Y a hacer esto lo aprendimos recibiendo palos, lo aprendimos de fracaso en fracaso, insistiendo.

Pero Sara no estaba dispuesta a hacer esto. Ella no. Ella empezó con nosotros, se cansó y lo dejó. Empezó otro proyecto, le decepcionó y lo dejó. Arrancó con uno tercero, se peleo con un compañero y lo dejó. En el cuarto le entró la pereza y apenas hizo nada. Así volvió con nosotros un tiempo para pasar al quinto, luego al sexto, séptimo y no sé qué más.

Mientras nosotros sufríamos y crecíamos de fracaso en fracaso, Sara, con la frase “Hemos fracasado, no pasa nada” en la boca, hacía otra cosa: abandonaba. Fracasar significa “No llegar al termino deseado”. No tiene nada que ver con irse, al revés, para que sea útil hay que hacer un siguiente intento mejorado. Abandonar se suele comprender como “dejar, desamparar, desistir, renunciar”. Son cosas totalmente distintas.

Supongo que Sara llamaba sus abandonos fracaso para que suene mejor. Seguramente ni siquiera podía admitir ante si misma que hacía. Se estaba engañando a si misma y como consecuencia a las personas que la rodeaban. Estoy consciente de que ella es una persona con muchas facetas, también con intenciones buenas, puedo aceptar que tiene sus razones, miedos, inseguridades, traumas o lo que sea. Pero era incapaz de construir. Y las consecuencias de esto las pagaban otros, también nosotros.

Porque un día nos tocó, a mis amigos y a mi, ser abandonados para siempre. En su salida ella, por alguna razón, necesitaba matar nuestro valor. Declaró a gritos que nuestro proyecto, por el que estábamos luchando día tras día, no valía. No valía porque no estaba a la altura de los grandes proyectos. Comparó nuestro bebe de pocos añitos, que recién estaba empezando a caminar con proyectos de décadas de recorrido. Y como no estábamos a la altura, nos recomendó cerrar. Nuestro trabajo era una mierda. Dijo esto y se fue, la razón de su parte, con la cabeza bien alta y sin mirar atrás.

Este día descubrí que también la segunda parte de su frase era mentira. Si que pasa algo cuando abandonas, no a ti compañera, pero a nosotras que nos has dejado sangrando en tu camino. He visto mucha gente abandonar, y por muchos razones. Y cada uno fue la puñalada que causan las promesas rotas, cada uno fue un golpe contra mi fe en los demás. Pero aquellas que a la salida han sentido la necesidad de desprestigiarnos son los que han clavado la astilla directamente en el corazón.

¿Cómo sobrevives esto? ¿Cómo mantienes el espíritu y la confianza después de haber sufrido tanto abandono? Y aparte, ¿cómo podemos conseguir que estas actitudes no destruyan nuestro proceso asambleario?

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