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Motivaciones personales, fuente de conflictos

Este jueves en “No estamos en lo mismo II” presenté un análisis sin haber previamente relatado las evidencias. El punto al que quiero llegar me parece central para comprender nuestros problemas, pero temo que el texto lo refleja de una manera superficiál. He cometido un fallo muy comuún: me dejé llevar por las prisas e intenté tomar el paso tres antes del paso uno, lo que me hizo dar un paso en falso. Así que, hoy retraigo y empiezo de nuevo con el tema de las motivaciones personales partiendo de una evidencia. A ver si esta vez me sale mejor.

Entrar a este téma desde mi experiencia personal me llevaría a hablar de manera intíma sobre personas a las que tengo mucho cariño, especulando sobre sus motivaciones, presumiendo que comprendiera sus procesos internos. Hacer esto me parece inadecuado, una falta de respeto, así que esta vez haré un ejercicio de ficción. Os pido que me sigáis.

Imaginaos un colectivo, un colectivo de lucha por un derecho cualquiera, pequeño, que se reúne en un local de su barrio. Hoy hay asamblea con cuatro presentes: Ana, Paco, Nuria y Diego. Falta Pancho por estar de exámenes y Paola que está viajando, de nuevo. Acaban de participar en la organización de una manifestación regional muy exitosa y con mucha atención.

“¡Que bien fue el Sábado!” “¡Tanta gente en la mani!” “¡Hasta salimos en televisión!” “¡Que subidón!” “¡…!” Así festejan un rato hasta que interrumpe Paco con una pregunta: “Sí, ha estado muy bien, ¿pero ahora qué? ¿Qué hacemos ahora? ¡Hay que mantener la presión!” “Sí, sí”, afirma Ana, “Hay que presionar a las instituciones a que desarrollen un programa, para que nos ofrezcan una solución.” “¿Una solución?” “Sí, una solución para que estemos mejor.” Paco la mira, suspira y dice: “Mira Ana, esto ya lo hemos hablado, la cosa es más compleja que esto, hay que ir mucho mas allá. Un programa de estos no va a solucionar el sistema.” “Pero estamos sufriendo, no aguantamos, ¡necesitamos respuestas ya!”, protesta Ana algo agitada. “Cálmate Ana”, responde Paco, “Sé que lo tienes difícil, tu situación es tensa, pero hay que sostener. De esto se trata la lucha. Ya lo hemos hablado, te lo he explicado: el problema es el sistema, esto es lo que hay que cambiar de verdad. Te repito: Un programa de estos no sirve de fondo.” “Pero yo no vengo para esto. Vengo a exigir soluciones, no a luchar”, rebate Ana gritando.

“Calmaos, calmaos”, toca el turno de Diego, “No hay que pelear. ¿Podemos encontrar algo que les vale a los dos?” “Sí, sí”, apoya Nuria, “Quiero acciones, no rollos.” Paco respira y vuelve: “Vale, qué podemos hacer?” “Pintadas”, chilla Nuria, “Quiero pintadas.” “No”, responde Ana, “Concentraciones, concentraciones semanales delante el ayuntamiento hasta que nos den una solución.” “¿Semanales? ¡Qué pesado! No tengo tiempo para esto”, se queja Nuria. “¿Concentraciones semanales?”, entra Diego de nuevo, “¡Qué buena idea! ¿Os parece que los hacemos los jueves y luego nos vamos de cañas? Así nos vamos conociendo mejor.” “Yo quiero pintadas”, interrumpe Nuria, “Salir de noche, a escondidas, para que luego lo vea el barrio sin saber quién fue. Esto si que es una acción.” “Las pintadas no sirven de nada. Necesitamos crear presión continua para que los políticos tomen acción”, protesta Ana. “Calmaos, calmaos”, entra Diego de nuevo, “Así no hay que tratarse en la reunión. Si queremos luchar juntos es importante que nos tratemos bien.” Paco les mira, suspira y piensa. Después propone: “Creo que podemos hacer todo. Hacemos las concentraciones y para darles visibilidad pintadas.” “Y cañas” “Y cañas para socializar.”

Así queda. Paco escribe un manifiesto antisistema, al que Ana añade exigir soluciones de las instituciones. Diego y ella se reúnen con asociaciones del barrio, buscando apoyos. Ahí Ana habla de solucionar necedidades, Diego de como la gente se va conociendo en la acción, crear tejido lo llama. Nuria y Paco hacen pintadas antisistema convocando para la acción. Aparte Paco pide permiso al ayuntamiento para la concentración, monta el facebook, manda correos, reparte carteles y octavillas. Y al final hacen la acción.

De momento no me importa cuánto la aguantan, ni como les sale, sino revisar el criterio de decisión. ¿Este relato es realista? ¿Qué motivación le mueve a cada uno? ¿Esto realmente nos sirve para luchar? Y si no, ¿por qué lo hacemos así?

Gracias a Laura, Bea y Moises por crear conmigo años atrás la obra de teatro foro que inspira este texto.

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