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La resaca después de la derrota – Reflexión sobre las elecciones de este año

Este viernes 05.07., antes del taller en Burgos, nos reunimos unas personas que llevamos tiempo trabajando juntos en el ámbito de la noviolencia para reflexionar sobre la derrota de los partidos de confluencias de izquierdas de las elecciones pasadas.

Nos impulsaron tensiones concretas que se han generado alrededor de divisiones y enfrentamientos de los partidos locales, pero intuimos que hay situaciones similares en todo España: Lo que en el 2015 a muchos parecía una victoria electoral revolucionaria, poniendo los nuevos partidos en el mapa político, logrando sitio significativo en muchos ayuntamientos, en este 2019 se transformó en una perdida significativa o casi total de escaños, a menudo acompañado de división de los partidos. En Burgos la triste realidad es la bajada de seis escaños a dos, y la división del partido de confluencia en tres. Un punto doloroso es que con una división menos hubieran sacado un escaño más.

Mis amigos –que no habían formado parte del partido de confluencia, pero si han tenido algo de participación en la última división y la perdida del tercer escaño– me pidieron abrir un diálogo con el objetivo de aplacar los enfrentamientos y rechazos que se han dado por estos resultados.

Enfocamos el diálogo desde la comprensión del proceso emocional. La idea de fondo es que las emociones influyen igual o más nuestras acciones que las ideas racionales. A menudo está primero una necesidad emocional que nos empuja, y alrededor de ella construimos un modelo teórico que justifica por qué lo que hacemos es lo correcto. Un ejemplo aterrador de esto es la historia de la pederastia en las izquierdas Europeas de los años 70 y 80.

Así que empezamos la jornada tratando de empatizar con las emociones de los compañeros que han perdido sus escaños. Vimos que para ellos tiene que ser un momento de mucha frustración, cabreo y resentimiento, este último probablemente consecuencia sentirse engañado y traicionado por os compañeros que antes eran del mismo partido. Aparte vimos que probablemente tengan un cierto sentimiento descoloque, una incertidumbre sobre lo que hacer ahora.

Vimos que este sentimientos cogen aún más fuerza por el contraste con la situación hace cinco años. Entonces había mucha ilusión, muchas personas percibieron: ¡Estamos revolucionando el país! Un grupo importante de estas personas eran activistas con un largo recorrido, que han pasado por luchas fracasadas, activistas que en este movimiento sintieron ¡por fin!, ¡esta vez si es de verdad! Para ellos era un subidón emocional, un pico de esperanza. Un participante lo resumió así: ‘Activistas que habían vivido toda la vida que ganasen los malos alrededor del 2015 se ilusionaron con la idea de que esta vez estaban ganando los buenos.’

El problema es que con el tiempo estas emociones positivas fueron reemplazado por la frustración del trabajo cotidiano, por conflictos, abandonos, divisiones y como último la derrota electoral de este año. Es una resaca emocional muy dolorosa para los que protagonizaron este proceso, para los que se lo han creído. Ahora mismo están heridos, desencantados y actúan con toda la crudeza de este estado emocional. Toda esta emoción probablemente es reforzada por el miedo que les causa a muchos el auge de la nueva derecha.

Nuestra reflexión siguió remarcando que ahora es un momento crucial: Dependiendo de como estas emociones son tratados, si se estancan, se solidifican o se sanan, puede llevar a sus protagonistas a vías muy diferentes. Un peligro obvio es rendirse ante la frustración y desesperanza, permitir que la resaca emocional lleve al abandono de la lucha política. Otro peligro es caer en resentimiento, agarrarse al dolor, la rabia, la sensación que los demás nos han traicionado, y solidificarse en una postura de enfrentamiento continuo entre los diferentes grupos y/o el exterior. En este caso probablemente llevaría a una repetición de viejas formulas y/o una escalada de las violencias y divisiones internas.

Otro camino es asumir el fracaso con todo el dolor que conlleva, intentar comprenderlo y abrirse a descubrir una nueva lógica. Es decir asumir que la estrategia anterior ha fallado por causas concretas, fallos que nosotros mismos hemos cometido y que nos llevaron a participar en la destrucción de nuestro propio proyecto. Significa revisitar lo pasado y tratar de comprenderlo de manera honesta y autocrítica. Hacer esto no es fácil, pide tocar heridas y mirarse a si mismo poniendo en relieve todas nuestras imperfecciones. Un reflejo natural es querer evitar el dolor y la vergüenza que significa hacerlo. ¿Pero hay otro camino viable? ¿Otro camino que nos saca de cometer los mismos errores una y otra vez? A lo largo de mi vida he visto una lección repetirse: Sea el nivel personal o colectivo, el único camino a la transformación real es mirarlo de frente a la cruda y fea realidad, a asumirla y empezar a actuar desde ahí.

Ahora les toca a los protagonistas de los partidos de confluencia elegir que quieren hacer con este dolor: esconderse, decidir no cambiar y echar la culpa a los demás o asumirlo y crecer con él.

Nosotros, los que estuvimos hablando este día, tenemos en común la voluntad de trabajar desde la noviolencia, y seguimos nuestro diálogo a partir de ella. Reflexiomanmos sobre la frase con la que resumimos el movimiento: ‘Activistas que habían vivido toda la vida que ganasen los malos alrededor del 2015 se ilusionaron con la idea de que esta vez estaban ganando los buenos.’

Esta frase contiene una las razones por la que no hemos sido capaces de identificarnos con los partidos de confluencia: Porque vemos que sus ideas de fondo contienen una lógica violenta. Primero está la contraposición de ganar y perder, es decir competir. Es una lógica de enfrentamiento que implica que un lado se impone al otro, aunque solo sea a base de la violencia de la ley o de palabras hirientes.

Esto se refuerza por la idea de ‘buenos’ y ‘malos’, creando una narrativa de dos bandos, de unos que valen y otros que no. Lleva implícito una deshumanización de ‘los otros’, de los enemigos que nos quieren destruir. Si ambos bandos entran a esta lógica es probable la escalada de la violencia es casi inevitable. Aparte pensamos que esta idea puede llevar a que dentro del mismo bando los diferentes partes compitan sobre quien es ‘el más bueno’, fomentando así las divisiones internas.

Los presentes este día entendemos la noviolencia como un camino en el que hay que intentar rescatar a todos, es decir uno de sus grandes apuestas es intentar liberar al opresor de la violencia de ser opresor. Esto lleva a que debemos combatir este tipo de narrativas, también en nosotros mismos.

Por esto cerramos el encuentro con un ejercicio de autocrítica. Hablamos sobre como nosotros mismos caemos en este juego violento, dividiendo en nuestra cabeza en buenos y malos. Nombramos por un lado un conflicto en una asociación en la que nos estamos enfrentando personas que vienen de un recorrido activista con personas que vienen de un recorrido institucional, y por otro lado el rechazo que sentimos ante el PSOE como traidor de las izquierdas. Vemos que en ambas situaciones hemos caído en lógicas violentas, enfrentamientos en los que llegamos a negar lo bueno que hay en ‘el otro bando’ y encerrarnos en una lógica de enfrentamiento que solo puede escalar. Y la idea de salir de esta narrativa va contra nuestros reflejos de autoprotección. Aún así vimos necesario que tratemos de superar esta manera de pensar en nosotros mismos, si queremos avanzar en nuestro camino hacia la práctica de la noviolencia. Uno de los grandes retos de la transformación desde la noviolencia es asumir la violencia propia y combatirla en uno mismo, asumir la cruda y fea realidad sobre uno mismo. Solo desde ahí podemos cambiar, y por ende cambiar el mundo.

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