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Del movimiento 68 al capitalismo narcisista

Siempre es una alegría encontrar personas que por caminos muy distintos han llegado a conclusiones similares a las propias. En este caso se trata de una entrevista con el teórico Anselm Jappe que me pasó una lectora. Leerla me causó muchas sorpresas positivas, ya que, a pesar de venir del marxismo, expone un análisis de la actualidad muy similar al mío. En la entrevista Jappe desarrollo varios puntos teóricos que me parecen muy acertadas y valen la pena reflexionar en profundidad sobre ellos.

En el contexto de este blog y avanzando con las reflexiones de estos meses pasadas ante todo interesa lo que expone sobre la conexión entre el movimiento del 68 (aquí más bien conocido como hippies) y la modernización el del sistema hasta llegar al ‘capitalismo narcisista’ de hoy. Sus reflexiones retroalimentan las mías, reafirmando una intuición mía que coloca la raíz de muchos de nuestras falacias en estos movimientos sociales.

Para entender esto hay tener en cuenta que el 68 y los hippies son la cuna de los movimientos sociales modernos. Marcaron un cambio de lógica: De las organizaciones de lucha históricas a conjuntos aparentemente plurales, formados por personas y colectivos pequeños. Si se profundiza en la comparación entre unos y otros se pueden encontrar muchas diferencias. Para este análisis quiero remarcar que las organizaciones históricas tenían modelos organizativos jerárquicas y disciplinadas, mientras de que en los movimientos sociales modernos se da mucha importancia a al deseo individual, la espontaneidad y la idea de horizontalidad.

Cómo lo remarca Jappe, independiente de todo su discurso social o político, el 68, los hippies y los movimientos consecutivos en gran medida se rebelaron contra la rigidez y el autoritarismo que dominaba en la sociedad y en sus familias. Este video de música refleja esta rebelión de manera totalmente despolitizada:

Esta rebeldía tenía como objetivo lograr ante todo una libertad personal: Ser como uno quiere ser, en la manera de vestir, de vivir la sexualidad, elegir la carrera… De los años 60 hasta hoy se puede afirmar que nuestras sociedades se han transformado profundamente en este sentido. Tenemos modelos de vida y de familia totalmente distintos. Hay que entender que esta rebeldía respondía a necesidades humanas profundas, a una opresión vivida por todos los sectores, y a pesar de todo hay muchas cosas en ella que son necesarias. Responden a una gran verdad.

Pero como observa Jappe, el capitalismo ha sido perfectamente capaz de asimilar esta rebelión, tanto que el teórico afirma que esta lucha ha servido para modernizar el sistema e incluso inspirar lo que el llama ‘capitalismo narcisista’. En este nos mantiene controlados la ilusión de poder cumplir nuestros deseos personales, muchos de ellos inducidos por el mismo sistema. En este significado: Más centrados que estamos en nosotros mismos, en nuestros deseos y la satisfacción inmediata de nuestros impulsos, en el poseer objetos y experiencias, más dúctiles somos al sistema actual. Si analizamos por ejemplo la lógica de los medios de comunicación, se puede observar con facilidad como el sistema fomenta estos comportamientos. Se puede decir que hoy hemos llegado a un punto de normalización de comportamientos egocéntricos y narcisistas fomentados por el sistema capitalista bajo la excusa de la libertad.

Pero, ¿cuál es el problema de esto para los movimientos sociales? En primer lugar, y bastante obvio, es que venimos de esta sociedad, somos educados por ella, y los traemos con nosotros. A nosotros también nos parece normal comportarnos de manera narcisista y egocéntrica, y como todo espacio de transformación, los movimientos sociales nos deberían ayudar a desaprender esta normalización capitalista. Pero hay otra capa que complica mucho el tema e impide que esto pase: Los movimientos sociales modernos fueron uno de los impulsores de esta idea de libertad personal, y la tienen en sus genes. Esto es la raíz histórica de mucho problemas descritas en este blog durante los meses pasados: desde el respeto al impulso espontaneo en las asambleas coñazo, pasando por la idea que hay que ser tan abiertos que nos incapacita, hasta llegar a la permisividad a discursos que bajo la excusa de la libertad buscan normalizar sus deseos más oscuros.

Muchos de nuestros planteamientos y estructuras están pensados en el nombre de la libertad individual e inmediata de los participantes, no teniendo en cuenta sus motivaciones, su precio personal a medio plazo, ni el impacto de las acciones al proyecto común o a la sociedad entera. En este significado es lógico que muchos espacios supuestamente ‘emancipatorios’ no son más que reservados para inadaptados jugando a la ‘lucha’ o usándolos para escapar. A pesar de muchos discursos anticapitalistas, la práctica normalmente termina siendo dentro de la lógica cultural del sistema.

Por ello hoy propongo estas preguntas: ¿Cuándo y cómo reproducimos estas tendencias narcisistas en los ambientes ‘emancipatorios’? ¿Cómo rompemos ellas? ¿Y cómo reformulamos nuestro modelo organizativo para que responda a la vez a las necesidades individuales y a las del común?

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