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Los que se quedan atrás

Me he quedado sola. Otra vez. No sé cuantas veces me ha pasado. He formado parte de numerosos grupos, colectivos, proyectos, equipos, asociaciones… que supuestamente iban a aportar algo positivo al mundo. Y siempre ha pasado lo mismo. Soy la que observa como todos se van. Para siempre la última superviviente.

Ahí estábamos. “¡Esto no puede ser!” – “¡Injusto! ¡Horrible! ¡Insoportable!” – “¡Hay que hacer algo!” – “¡Esto tiene que cambiar ya!” – “¡Cabrones! ¡Cerdos! ¡Asesinos!” – “El sistema, ¡qué mierda!” – “¡Que viva la lucha!” – “¡Hasta la victoria siempre!” – “…”

Y de repente…

“¡He encontrado trabajo… te llamo en cuanto tenga tiempo.” Que será cuando te echen. “¡Finalmente he terminado la carrera! ¡Empieza la vida!” Así que te cortas el pelo, te pones un traje y ya te vemos más. “Tengo una noticia maravillosa: ¡Estamos embarazados!” De repente te hace falta un coche, un piso, un trabajo mejor. Y a partir de ahora la familia es tan importante que te olvidas del mundo…

Una y otra vez me he encontrado con este tipo de personalidad múltiple. Los que por la boca proclaman ser alguien revolucionario, pero que con sus actos demuestran ser todo lo contrario: alguien que en cuanto realmente importa solo piensa en su bienestar personal. En estos actos es cuando se manifiestan las motivaciones verdaderas en su máxima expresión.

Y viendo esto, ¿que pasa con los quedamos detrás? ¿Qué nos pasa cuando vemos a los compañeros abandonar una y otra vez? Depende, pero ¿de qué? Si nos lo hemos creído, y cuánto. Hasta qué punto has puesto tu corazón. Porque si lo haces, si de verdad te lo crees, si apuestas con todo, te rompe. “No pasa nada”, cojones, mentira, ¡qué si pasa algo! Me jode, me duele, me desangra por dentro veros marchar. Se me cae el sueño, os lleváis mi esperanza, pierdo toda la fe. A partir de ahora, ¿qué hago? No pasar otra vez por allí. Me guardo, me escondo, me protejo a mi así que desconfiaré de ti.

A menudo, si esto es lo que te ha pasado, te vuelves duro. Ya no crees, no das, no te entregas. Y aún así a menudo te quedas, porque algo en ti te dice que hay que luchar, porque ver este mundo es desesperante, y algo hay que hacer. Abandonar es hundirse de todo, perder toda esperanza. Y esto no lo quieres hacer. Y ahí vivimos, años, en limbo, desconfiando y a la vez esperando que la próxima se haga verdad. Vivir así es horrible, desesperante, nos vuelve cínicos, dictatoriales o desentendidos. Y después de un tiempo no hay quién nos aguante…

Ahora pregunto: ¿Esto es como tiene que ser? ¿No hay otra que vivir perdidos, desesperanzados? ¿O existe algo que podemos hacer? ¿Qué podemos cambiar para que cambie todo? ¿Para otra vez llegar a creer?

Propongo parar y mirarnos, empezar por entender, a mí, a ti y al compañero que nos ha abandonado. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué? ¿Y cómo? ¿Atacando qué punto, de qué manera la lucha puede renacer?

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11 comentarios

  1. Me conmueve mucho lo que dices Kathy, conozco esa sensación, pero no por los motivos
    que tú expresas. Yo creo que hay que hacer entender a la gente que mientras más
    alimentemos al sistema, más se alimenta él de nosotros. Hace falta un cambio de paradigma, y
    solo se puede llevar a cabo tocando y desbaratando el confort de las personas, la comodidad
    que les genera el estilo de vida de TV show. Las salidas a las discotecas cada viernes, el
    postureo en las redes sociales, la violencia sexual de todos los días, son solo algunos ejemplos
    de patrones impuestos por la industria del entretenimiento. Ellos saben cómo hacerlo, cómo
    manipular nuestras mentes a su antojo desde que nacemos, religión, legislación, cultura…
    estamos en desventaja y ya sabemos de lo que son capaces por no perder el poder. Pero
    somos tan egoístas que pocas veces nos ponemos a pensar en que… sí, todos estamos en lo
    mismo (contrariando tu anterior entrada). Todos estamos en lo mismo, porque todos
    conformamos la sociedad, todos decidimos mantener día con día este sistema de opresión y
    esclavitud disfrazada de consumo, todos estamos jugando a la vida, por lo tanto todos estamos
    en lo mismo. El problema real surge de la división, que sí izquierdas, que si derechas, que si
    rojos o fachas. ¡Basta ya de toda esa mierda! Si realmente se quieren cambiar las cosas
    comencemos a pensar en las tres generaciones futuras, y no solo en nuestro bienestar. Me
    pregunto que le pasaría a este sistema si de un día para otro dejáramos de ir a trabajar, de
    comprar sus productos innecesarios, dejar de usar su sucio dinero que no es más que una

    herramienta para explotar a los pueblos. ¿Qué pasaría si de repente nos tomáramos la
    educación por nuestra cuenta?. ¡Miedo! ¡Miedo es lo que hay!

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