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Ni hables con ellos

Soy parte de un grupo, un grupo de gente que sueña con la libertad, con un mañana mejor. Soy parte de un colectivo de lucha. Somos, soy. Somos y creemos. Creemos en nosotros, en nuestras palabras, en nuestros textos, en nuestros dogmas. Es lo bueno, nosotros somos los buenos.

Y ahí están los otros, los que no, ellos.

Porque nosotros tenemos la verdad y ellos están equivocados, porque todo lo que te dirán es mentira, porque todo lo que quieren es envenenarte la cabeza y el corazón. Así que no les escuches.

Ellos creen en lo opuesto que nosotros, defienden lo que nos oprime, sirven a quien nos oprime. Son el enemigo. Así que, enfrentate con ellos.

Porque nosotros somos los buenos y ellos los enemigos, los opresores, los representantes del mal. Son como los villanos de las películas, con tanto veneno dentro que no se les puede rescatar. Tan pervertidos que lo único que podemos hacer con ellos es encerrarlos o matarlos. Así que ni hables con ellos.

Dicho así, parece absurdo, ¿no?, tan infantil y soberbio que suena ridículo, ¿no?

Y aún así, ¿que hay detrás de las siguientes actitudes, si no es esto?

Cuando mis amigos antifascistas me enseñaron el ACAB: all cops are bastards/todos los policías son cabrones. Han elegido aliarse con el poder y por esto para siempre serán nuestros enemigos. Es un argumento que escuché por primera vez hace mas de 20 años, me lo volví a encontrar en el 15M y regularmente lo veo en la ciudad: ACAB. Como si ellos no fueran oprimidos también, como si ellos no fueran también personas, como si a ellos no les pudiera doler por dentro cuando cometen injusticias.

Cuando mis amigas feministas me reprocharon usar “argumentos de conservadores” a la hora de cuestionar algunos planteamientos suyos. No importaba quien tenía razón, importaba quien usa qué argumento. Y si lo usan ciertas personas, directamente es desechable. Como si todo lo que piensan estas personas estuviera equivocado por definición. Como si la razón estuviera repartida por bandos, y o mejor dicho solo dado a un bando: el suyo.

Cuando mis amigos comunistas me rechazaron por colaborar con un cristiano, un hombre que fue echado de su propia organización por trabajar con gente como yo. Como si fuera imposible a la vez luchar por la justicia y ser creyente.

Cuando mis amigos anarquistas no querían ir a la fiesta navideña de la asociación de mi barrio por tener un Papa Noel, porque no querían que su hija le conociera. Como si educarla esclusivamente dentro de nuestros círculos, alejada de la sociedad, la hiciera mejor persona. Como si nosotros fuéramos puros y ellos no.

Cuando, cuando y cuando. ¿Cuándo he visto que realmente estamos abiertos al encuentro con alguien del ‘otro bando’?

Nos atrincheramos en lo nuestro, nos retiramos al guetto, despreciamos a cualquier humano que piensa diferente de nosotros.

¿Pero a quienes vamos a liberar así, si ni siquiera somos capaces de liberarnos de nuestros prejuicios?

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37 comentarios

  1. Tienes razón si no quitemos los prejuicios que tenemos los unos de los otros no podemos convivir. Ser diferentes no queria ser distantes. Teníamos que todos compartimos un unico ser de diferente color y raza. Somos humanos antes de ser de derecha, de izquierda o de cualquiera orientación. Hermanos somos de los mismos padres y de la misma tierra

  2. Bonita reflexión. Hay q pasar desapercibido y seguir trabajando para la colectivo.
    Hay que proteger a los pequeños mientras nos educamos y fabricamos las enseñanzas del futuro.
    Un abrazo.

  3. Si buscáramos lo que nos une más que lo que nos separa…nunca me he posicionado complemente porque siento que nadie me representa en la totalidad. ¿Porque ser blanca o negra?¿Porque no puedo ser gris, o negra con puntos blancos , o viceversa…? Creo en la diferencia, en navegar en distintos barcos hacia distintos destinos; pero no creo que el lugar al que se dirige el otro barco, sea tan horrible que haya que exterminarlo, es sólo que a mi no me gusta y prefiero viajar a otro lado. Pero… quien sabe si allí hay una fruta que sabe mucho mejor que la de mi isla, ¿tengo que dejar de comerla, odiarla y eliminarla sólo porque está en el otro lado?

    1. Gracias por estas bonitas palabras. Tienes toda la razón.

      Lo triste es que no lo hacemos, no nos abrimos, no probamos la fruta del otrom, no nos esforzamos por entender lo que ven ellos que nosotros no vemos.

      Y cuando alguien no esta dispuesto a entrar de todo en un barco muchas veces te rechazan. Viajar entre mundos puede llegar a ser un camino muy solitario. Ojala empieza a haber mas viajeros que salten de barco en barco.

  4. Pingback: de palo en palo
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